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La glutamina es un nutriente importante para las células intestinales y la integridad de la barrera. ¿Qué sabemos sobre sus funciones y qué resultados se han observado en estudios de suplementación?
En el artículo anterior vimos que la glutamina es el aminoácido libre más abundante del organismo y que participa en multitud de procesos. Pero si hay un órgano especialmente interesado en ella, ese es el intestino.
Y no precisamente porque llegue allí de paso.
El intestino utiliza aproximadamente un 30 % de la glutamina disponible en el organismo, y buena parte de la glutamina que ingerimos es captada y metabolizada antes de abandonar el territorio intestinal (1,2).
¿Por qué necesita tanta?
Porque la pared intestinal es uno de los tejidos más activos de nuestro cuerpo. Sus células se renuevan continuamente, mantienen una barrera de apenas una célula de grosor, interactúan con billones de microorganismos y, al mismo tiempo, tienen que decidir qué sustancias pueden atravesarla y cuáles deben quedarse fuera.
Aquí es donde la glutamina se vuelve especialmente interesante.
El intestino es un órgano muy activo
Durante mucho tiempo pensamos en el intestino sobre todo como el lugar donde se digieren y absorben los alimentos. Hoy sabemos que es bastante más complejo.
Su superficie está revestida por una única capa de células epiteliales que se renuevan aproximadamente cada cuatro o cinco días (2). Debajo y alrededor encontramos células inmunitarias, neuronas, vasos sanguíneos y una enorme comunidad de microorganismos.
Cada día atraviesan sus instalaciones millones de moléculas. Nutrientes, microorganismos, sustancias producidas por la microbiota y componentes potencialmente dañinos llegan constantemente a esa frontera. El objetivo no es cerrarla, sino permitir el paso de lo necesario y controlar aquello que no debe atravesarla.
Para conseguirlo hacen falta células sanas, energía suficiente y unas estructuras llamadas uniones estrechas o *tight junctions* que mantienen conectadas las células intestinales.
La glutamina participa en todos estos procesos.
1. La glutamina alimenta a las células intestinales
Los enterocitos, las células más abundantes de la mucosa intestinal, utilizan glutamina como uno de sus principales sustratos metabólicos.
La metabolizan para obtener energía y también para fabricar otras moléculas necesarias para su funcionamiento, entre ellas nucleótidos, aminoácidos y diferentes intermediarios metabólicos (1-3).
Esto es especialmente relevante porque el epitelio intestinal tiene una velocidad de renovación extraordinariamente elevada.
La glutamina interviene además en vías de señalización relacionadas con la proliferación celular, es decir, el proceso mediante el cual las células se dividen para generar otras nuevas y mantener en buenas condiciones una superficie que está expuesta continuamente al exterior (2).
No es casualidad, por tanto, que el intestino sea uno de los mayores consumidores de glutamina del organismo.
2. La glutamina ayuda a mantener la barrera intestinal
Entre una célula intestinal y la siguiente existen proteínas que actúan como pequeños cierres microscópicos.
Son las conocidas *tight junctions* o uniones estrechas, entre las que encontramos proteínas como occludina, claudinas y zonula occludens.
Su función es fundamental: controlar el paso de sustancias entre las células y contribuir a que la barrera intestinal sea selectiva.
Cuando estas estructuras se alteran, puede aumentar la denominada permeabilidad intestinal.
Los estudios experimentales muestran de forma bastante consistente que retirar glutamina del medio de cultivo disminuye la expresión de algunas proteínas de las *tight junctions* y aumenta la permeabilidad. Cuando se vuelve a añadir glutamina, parte de estas alteraciones se revierte (2,3).
También se ha observado que la glutamina influye sobre proteínas como claudina-1, claudina-4, occludina y ZO-1, directamente implicadas en la estructura de esta barrera (2).
Por tanto, existe una base fisiológica para considerar la glutamina uno de los nutrientes relevantes para el mantenimiento de la integridad de la barrera intestinal.
3. La glutamina participa en la respuesta frente al estrés intestinal
El epitelio intestinal está constantemente expuesto a agresiones: infecciones, inflamación, radicales libres, alcohol, determinados medicamentos, isquemia o tratamientos como quimioterapia y radioterapia.
Las células disponen de sistemas para defenderse y adaptarse a estas situaciones, y la glutamina participa en varios de ellos.
En modelos experimentales se ha observado que puede modular vías celulares como NF-κB y STAT, relacionadas con la señalización inflamatoria, además de favorecer sistemas de respuesta frente al estrés conocidos como *heat shock proteins* (2,3).
La glutamina participa también en la síntesis de glutatión, uno de los principales sistemas antioxidantes intracelulares.
Además, se han descrito efectos sobre la apoptosis y la autofagia, procesos que permiten a las células gestionar el daño, eliminar componentes deteriorados y adaptarse a situaciones de estrés metabólico (2).
Es decir, la función intestinal de la glutamina no se limita a proporcionar energía: también participa en los mecanismos que permiten al epitelio renovarse, protegerse y responder frente a situaciones de mayor demanda.
4. Glutamina y microbiota: una relación que empieza a resultar interesante
La historia se vuelve todavía más interesante cuando aparece la microbiota.
La microbiota intestinal y la mucosa no funcionan como dos mundos independientes. Se comunican de forma constante y el metabolismo de los aminoácidos forma parte de esa interacción.
Algunos estudios sugieren que la disponibilidad de glutamina puede modificar el metabolismo bacteriano y la composición de determinadas poblaciones intestinales (3).
Por ejemplo, en un pequeño estudio realizado en personas con sobrepeso u obesidad, la administración de 30 g diarios durante 14 días produjo cambios en la composición de la microbiota fecal (3).
Es un campo todavía joven y no podemos traducir estos cambios automáticamente en un beneficio clínico, pero abre una vía interesante: parte de la relación entre glutamina e intestino podría no depender únicamente del enterocito, sino también de su interacción con el ecosistema microbiano que lo rodea.
¿Qué ocurre cuando suplementamos glutamina?
Una cosa es conocer su función fisiológica y otra pregunta mucho más práctica es saber qué ocurre cuando administramos glutamina adicional.
Aquí ya disponemos de estudios en humanos.
En 2024 se publicó un metaanálisis centrado específicamente en el efecto de la suplementación oral con glutamina sobre la permeabilidad intestinal (4).
Cuando se analizaron conjuntamente todos los estudios, realizados en poblaciones y situaciones clínicas muy diferentes, no apareció una reducción significativa global.
Pero al analizar las dosis apareció algo especialmente interesante.
Los estudios que utilizaron 30 g diarios o más mostraron una reducción significativa de la permeabilidad intestinal, mientras que este efecto no apareció en los ensayos que utilizaron dosis inferiores (4).
Además, las intervenciones de menor duración mostraron resultados favorables en los análisis por subgrupos.
Esto no significa que 30 gramos sean automáticamente «la dosis para el intestino», pero sí nos recuerda algo fundamental cuando hablamos de suplementación: la dosis importa.
Y probablemente explique por qué estudios realizados con cantidades muy diferentes de glutamina pueden producir resultados también diferentes.
¿En qué dosis se ha utilizado?
No existe una única «dosis intestinal» de glutamina.
Las cantidades estudiadas dependen del problema, del objetivo y de la población. Pero si observamos los ensayos clínicos encontramos un rango bastante claro: muchas de las intervenciones se sitúan entre 15 y 30 g diarios, normalmente repartidos a lo largo del día.
Veamos algunos ejemplos.
Síndrome de intestino irritable con diarrea
Uno de los ensayos clínicos más interesantes se realizó en personas que habían desarrollado síndrome de intestino irritable con predominio de diarrea después de una infección intestinal y que además presentaban hiperpermeabilidad intestinal.
Los participantes recibieron 5 g de L-glutamina tres veces al día —15 g/día— durante ocho semanas.
El ensayo fue aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo.
Al finalizar las ocho semanas, aproximadamente el 80 % de las personas que recibieron glutamina alcanzaron una reducción clínicamente relevante de los síntomas, frente a alrededor del 6 % del grupo placebo (5).
Además, mejoraron la frecuencia de las deposiciones, su consistencia y la permeabilidad intestinal.
Es probablemente uno de los ejemplos más claros de cómo un mecanismo fisiológico —la relación entre glutamina y barrera intestinal— puede tener una traducción clínica en una población concreta.
Otro ensayo administró igualmente 15 g diarios, repartidos en 5 g tres veces al día durante seis semanas, en este caso añadidos a una dieta baja en FODMAP, y encontró una mejor evolución de los síntomas frente a dieta más placebo (6).
Por tanto, en SII con diarrea disponemos de resultados especialmente interesantes con una pauta de 15 g diarios repartidos en tres tomas.
Permeabilidad intestinal: ¿puede importar utilizar dosis más altas?
El metaanálisis publicado en 2024 reunió ensayos realizados en adultos con diferentes alteraciones gastrointestinales y diferentes dosis de glutamina (4).
El resultado global fue heterogéneo, pero el análisis por dosis encontró una señal clara: las intervenciones con 30 g diarios o más mostraron una disminución significativa de la permeabilidad intestinal, mientras que esta diferencia no apareció con dosis menores.
La interpretación práctica no es que todo el mundo necesite 30 g.
Lo interesante es otra cosa: los efectos de la glutamina probablemente dependan, entre otros factores, de cuánta utilizamos, durante cuánto tiempo y en qué contexto fisiológico.
Por eso no deberíamos comparar como equivalentes un suplemento que aporta unos pocos gramos con los protocolos empleados en los estudios clínicos.
Enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa
La enfermedad inflamatoria intestinal es otra de las áreas en las que más se ha estudiado la glutamina.
La razón fisiológica resulta fácil de entender: en estas patologías pueden coexistir inflamación, estrés metabólico de la mucosa y alteraciones de la barrera intestinal, precisamente procesos en los que la glutamina participa.
En estudios clínicos se han utilizado dosis próximas a 21-30 g diarios y también cantidades de aproximadamente 0,5 g/kg de peso corporal (7,8).
En un ensayo realizado en pacientes con enfermedad de Crohn en remisión y permeabilidad intestinal alterada, por ejemplo, se utilizaron 0,5 g/kg de peso ideal al día durante dos meses y se observó mejoría de la permeabilidad y de algunos parámetros de la mucosa intestinal (8).
Los resultados globales en enfermedad inflamatoria intestinal son menos uniformes que en SII-D, por lo que la glutamina no sustituye al tratamiento de la enfermedad.
Pero sí existe una base fisiológica y clínica suficiente para entender por qué continúa estudiándose como apoyo nutricional de la función de la barrera intestinal.
Diarrea asociada a VIH y alteración de la barrera
Otro ensayo estudió 24 g diarios de alanil-glutamina durante diez días en personas con VIH.
La suplementación mejoró determinados parámetros relacionados con la absorción y la permeabilidad intestinal, especialmente entre quienes habían sufrido diarrea recientemente (10).
En este caso se utilizó alanil-glutamina y no L-glutamina libre, por lo que no podemos considerar ambas formulaciones exactamente equivalentes, pero el estudio aporta otra evidencia del interés de la glutamina en contextos en los que la mucosa intestinal está sometida a una mayor demanda.
¿Qué dosis encontramos realmente en los estudios?
Este cuadro resume algunas de las pautas descritas en el artículo:
Situación estudiada | Dosis utilizada | Duración |
|---|---|---|
SII-D postinfeccioso + hiperpermeabilidad | 15 g/día (5 g × 3) | 8 semanas |
SII + dieta baja en FODMAP | 15 g/día (5 g × 3) | 6 semanas |
Estudios sobre permeabilidad intestinal | Hasta ≥30 g/día | días-semanas |
Enfermedad de Crohn | 21-30 g/día o 0,5 g/kg/día | 4-8 semanas |
Alteración intestinal asociada a VIH | 24 g/día de glutamina | 10 días |
No debemos interpretar esta tabla como una recomendación de tratamiento para cualquier persona con síntomas digestivos.
Pero sí permite entender algo importante: la investigación clínica sobre glutamina intestinal utiliza dosis reales, en gramos, y con frecuencia repartidas durante el día.
¿Qué significa todo esto en la práctica?
La glutamina ocupa una posición especial dentro de la nutrición intestinal.
No hablamos simplemente de un ingrediente al que se le atribuye de manera teórica una función digestiva.
El intestino es uno de los mayores consumidores de glutamina del organismo. Los enterocitos la utilizan como sustrato metabólico, participa en la renovación del epitelio, interviene en la expresión de proteínas de las *tight junctions*, contribuye a los sistemas antioxidantes celulares y participa en las respuestas frente al estrés (1-3).
Además, cuando pasamos de la fisiología a la suplementación, encontramos resultados clínicos especialmente interesantes en situaciones como el SII con diarrea postinfeccioso y permeabilidad intestinal aumentada, junto con señales favorables sobre permeabilidad en estudios que emplean dosis más elevadas.
Eso no convierte a la glutamina en un tratamiento para todas las enfermedades intestinales.
Pero tampoco estamos ante un suplemento elegido simplemente por tradición: existe una base fisiológica sólida y una literatura clínica que permite definir mejor dónde, cuánto y durante cuánto tiempo se ha estudiado.
Y aquí aparece otro aspecto importante: la calidad de la materia prima.
En Efi-Glutamina utilizamos L-glutamina Kyowa, una materia prima de alta pureza y fabricación controlada. Cuando hablamos de utilizar cantidades de glutamina en gramos, disponer de una materia prima bien caracterizada adquiere todavía más relevancia.
Porque suplementar bien no consiste simplemente en tomar un ingrediente.
Consiste en saber qué estás tomando, en qué cantidad y por qué tiene sentido utilizarlo.
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Referencias
- Reeds PJ, Burrin DG. Glutamine and the bowel. J Nutr. 2001;131:2505S-2508S.
- Kim MH, Kim H. The roles of glutamine in the intestine and its implication in intestinal diseases. Int J Mol Sci. 2017;18:1051.
- Achamrah N, Déchelotte P, Coëffier M. Glutamine and the regulation of intestinal permeability: from bench to bedside. Curr Opin Clin Nutr Metab Care. 2017;20:86-91.
- Abbasi F, Haghighat Lari MM, Khosravi GR, Mansouri E, Payandeh N, Milajerdi A. A systematic review and meta-analysis of clinical trials on the effects of glutamine supplementation on gut permeability in adults. Amino Acids. 2024;56:60.
- Zhou Q, Verne ML, Fields JZ, Lefante JJ, Basra S, Salameh H, et al. Randomised placebo-controlled trial of dietary glutamine supplements for postinfectious irritable bowel syndrome. Gut. 2019;68:996-1002.
- Rastgoo S, Ebrahimi-Daryani N, Agah S, Karimi S, Taher M, Rashidkhani B, et al. Glutamine supplementation enhances the effects of a low FODMAP diet in irritable bowel syndrome management. Front Nutr. 2021;8:746703.
- Akobeng AK, Elawad M, Gordon M. Glutamine for induction of remission in Crohn’s disease. Cochrane Database Syst Rev. 2016;2.
- Benjamin J, Makharia G, Ahuja V, Anand Rajan KD, Kalaivani M, Gupta SD, et al. Glutamine and whey protein improve intestinal permeability and morphology in patients with Crohn’s disease: a randomized controlled trial. Dig Dis Sci. 2012;57:1000-1012.
- Scolapio JS, Camilleri M, Fleming CR, Oenning LV, Burton DD, Sebo TJ, et al. Effect of glutamine in short-bowel syndrome. Clin Nutr. 2001;20:319-323.
- Leite RD, Lima NL, Leite CAC, Farhat CK, Guerrant RL, Lima AAM. Improvement of intestinal permeability with alanyl-glutamine in HIV patients. Arq Gastroenterol. 2013;50:56-63.
